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Cuando tenia 7 u 8 años mi padre me dio mi primer regalo literario: El Principito de Antone de Saint Exuperry, que no sólo tiene relación con el título de la famosa obra de Maquiavelo, sino que igualmente hizo las veces de mentor para mi vida futura.
Ese pequeño libro, del que difícilmente pude pasar -en mis primeros intentos de lectura formal- de la presentación del peculiar cordero -sino hasta unos años más tarde- es el que ha marcado la política de mi paso por el mundo.
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Y así he creído que mi misión no es otra que domesticar y ser domesticada:
-Me ilusiona creer que en mi pequeño planeta pueda existir alguien tan especial como una rosa caprichosa.
-Casi tanto como el anhelo de que en algún lugar lejano un zorro piense en mí al mirar las caricias del viento sobre el trigo.
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Y por eso, cada vez envidio más a los perros, cuando los miro en los parques explorando nuevos rincones a la sombra de sus amos.
Busco amo que me ame.
Esta es para mí la relación perfecta.
4
Gustavo es un buen amo. Experto en la domesticación de canes, defiende su existencia como “sujetos” y hace de un pequeño pug algo más que una mascota. Amelia es un ser especial que vive para la luz de sus ojos, cuyos actos se llenan de sentido sólo cuando es mirada, apapachada, consentida y querida por él. Amelia es un perro afortunado, tiene un buen amo.
Yo también soy afortunada. He encontrado en Gustavo, la guía y el amor que no recibí cuando pequeña. Es mi amo, mi padre y mi amigo. Estar cerca de él y demostrarle mi cariño me hace feliz. Mover la cola para decirle ¡qué bueno que estás aquí. Te extrañe!
A la luz de “su” mirada me descubro, me acurruco, me siento viva.
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Rodrigo no es un buen amo, pero igual me tiene domesticada. Sabe que juego a morderme la cola, mientras espero su llegada. Y si se acerca a acariciar mi cabeza, brinco de felicidad; si me cuenta sus penas me echo junto a él para escucharlo atenta, aunque sólo pueda lamerle la mano para decir “todo estará bien”.
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Soy un perro fiel.
Cuando la soledad se acerca a mis amos me gusta ladrar para espantarla.
Pero cuando están lejos, no puedo lidiar con su ausencia.
Yo los necesito más que ellos a mí.
Vivo dormida cuando nadie me mira.
Epílogo
-¿Quién está ahí?
En las noches se oyen truenos.
-Son mis miedos,
Que resuenan desde adentro.
O bien, son mis tripas,
Porque no hay nadie que procure mi comida.
Soy un perro callejero
Y en realidad no tengo dueño.
NOTA IMPORTANTE: Las imágenes incluidas Pon and Zi By Azuzephre © Jeff Thomas // Azuzephre