
Querido Rodri,
sabido es que se le extraña mucho,
sabido es, que últimamente a Usted, le encanta darse a desear;
que si la cosa es encontrarlo yo he de buscarlo
que si necesita ofertas yo he de proponerle
pero, por favor, no se ausente:
dele a mis ojos la alegría de poder mirarlo
de vez en vez un rato.
La luna es hermosa en octubre
y Usted está distante:
no lo concibo, es una contradicción.
No hay noche bella
sin buen acompañante.
Seguro que Usted la mira del otro lado del valle
y ha de pensar en mi -espero-
porque yo pienso en los buenos tiempos que pasamos juntos,
en su alegre sonrisa queriendo dibujarse en las sombras de la luna.
En fin, mi querido caballero, que no me gusta hacerlo,
pero confieso que tampoco he de perder la costumbre
de pedirle una cita cada vez que a mi corazón no le
baste el solo recuerdo.
Con cariño
Doña Esterucha, su fiel admiradora y amiga
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