
Lo cierto es que las cosas seguirían pasando como siempre,
pero de manera diferente.
Mi hermana habría sido quizá la única hija de mis padres.
Hubiera crecido sin la necesidad de usar ropa de segundo uso
y con el doble de atenciones y juguetes para ella.
Mi padre habría podido ahorrarse las colegiaturas de mi universidad,
pero no hubiera aprendido que uno no puede controlar la vida de los otros,
en base a sus intereses económicos.
En la prepa, Rodrigo habría salido con más chicas,
pero jamás hubiera concebido la verdadera amistad entre hombres y mujeres.
Habría gastado también más dinero en los bares de la Condesa,
celebrando con sus amigos y conquistando señoritas;
no hubiera tenido motivos para estacionar su auto
en la esquina de Campeche y Cholula
para platicar por horas los viernes por la noche.
Y es cierto, que se habría ahorrado muchas decepciones,
porque no hubiera conocido a la mujer que le es más difícil entender.
Mis amigas no habrían batallado con mi carácter voluble
y mis preguntas existenciales.
Estoy segura que lidiar en la escuela con las lecturas de
Heidegger y Nietzsche, les hubiera bastado.
Inclusive, algunos muchachos de gran corazón,
-con sus vicios, manías y virtudes- jamás se hubieran sentido desilusionados
de la rapidez con que una mujer puede darlo todo y luego nada.
En verdad, la vida sin mí habría representado ventajas para muchos,
incluyendome.
Si sólo pudiera creer que en cada paso, cada aventura, cada interacción
no he aprendido nada.
Pero heme aquí tratando de recordar los personajes importantes
de esta cinta que es mi vida, para decir que me ha ido bien,
porque ha habido quienes sacrificando su comodidad
me han hecho un lugar.
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